LAS FERRERÍAS DE MONTE
Javier Tordesillas Ortega
Introducción
LOS METALES: SUS ORÍGENES
En un principio debemos recordar que los metales proceden de los minerales que se encuentran en la naturaleza, estos últimos son sólidos, cada uno de ellos tiene una constitución atómica concreta, se encuentran en estado puro, combinados entre sí o formando parte de las rocas y se generaron en el pasado mediante procesos químicos y geológicos a veces bastante complejos. Se clasifican en los siguientes grupos o clases: elementos, sulfuros, halogenuros, óxidos, hidróxidos, nitratos, carbonatos, sulfuros, fosfatos, silicatos, compuestos orgánicos y algún otro grupo menor. Cada uno de ellos tiene unas características o propiedades relacionadas con su fórmula química, peso específico, dureza, cristalización, color, brillo, exfoliación y tenacidad. En cuanto a su utilidad son indispensables para nuestra vida diaria ya que son importantes para la salud, construcción, industria química, metalurgia, fuentes de energía, y electrónica.
Por otro lado, se puede afirmar que los minerales metálicos son los que contienen los metales y se extraen de ellos mediante diferentes procedimientos, el más conocido es la fusión (metalurgia de fundición).
Desde sus orígenes la especie humana ha sentido la necesidad de superarse para mejorar sus niveles de vida. Si echamos una mirada atrás en la historia del hombre y nos remontamos al Paleolítico nos encontraremos con pequeños grupos de personas organizados en tribus o clanes dirigidos por un líder, eran nómadas, aprovechaban los recursos naturales del medio donde vivían practicando la caza, pesca y recogiendo vegetales y frutos del campo. Sus herramientas las hacían con madera, hueso o tallando la piedra; curtían pieles para vestirse con ellas y se resguardaban en cabañas, resguardos o cuevas y en un principio consumían los alimentos crudos. El control del fuego supuso para ellos un gran avance puesto que gracias a él podían cocinar sus alimentos, iluminarse, calentarse y ahuyentar a sus depredadores.
Muy al final del Paleolítico, además de seguir obteniendo sus recursos de subsistencia tal y como lo venían haciendo hasta entonces, algunos grupos empezaron a domesticar animales (perro, renos, ovejas, cerdos, ovejas, vacas) y a cultivar plantas (mijo, arroz, trigo, cebada, maíz y leguminosas) lo que supuso que ya no necesitaban desplazarse de un sitio a otro y su vida se fue transformando en sedentaria. Comenzaron a vivir en poblados, fueron realizando muchas de sus herramientas puliéndolas y desarrollaron técnicas nuevas como lo fueron la cerámica, cestería y tejido de fibras vegetales y animales. Habían entrado en el Neolítico, último periodo de la Edad de Piedra. Este cambio de modo de vida se inició de forma independiente en diferentes zonas del planetas y no se produjo al unísono. De forma general podríamos decir que se inició unos 12.000 a. C. y se podría dar por terminado 5.000 a.C.
Al final del Neolítico se inició la Edad de los Metales y en función de los metales que se fueron descubriendo se ha dividido en tres periodos: Edad del Cobre, Edad del Bronce y Edad del Hierro.
El primer mineral usado, que se tenga conocimiento, fue el cobre en Oriente Medio (Irán e Irak) y casi es seguro que se comenzó a emplear cobre nativo trabajándolo en frío para elaborar adornos y pequeñas herramientas, posteriormente pasarían a calentarlo y finalmente procedieron a fundirlo. Los objetos obtenidos ya eran más perfectos, pero su dureza no era la idónea. Había nacido la fundición de metales.
COBRE NATIVO
Posteriormente se descubrió que mezclando cobre y estaño – aleación – se conseguía un material mucho más resistente, el bronce. Con aquel metal se podían fabricar armas y herramientas más duraderas. Una vez conseguido el material fundido se echaba en un crisol (recipiente de piedra) y de este se vertía en moldes de piedra de una pieza (univalvos) para conseguir objetos de una cara o se hacía con moldes de dos piezas (bivalvos) para conseguir objetos de dos caras y cuando el metal se había solidificado se extraían del molde, finalmente se perfilaban y afilaban si era necesario.
Se había iniciado la Edad del Bronce y esta segunda etapa también surgió en Oriente Medio 4.000 a. C. para ir difundiéndose hacia Europa y Asia.
Hacia el 1.200 a. C. se inicia el uso del hierro y para ello ya se necesitó el dominio de una técnica de fundición más compleja. Se inició en Oriente Medio, India, Europa y África. A la Península Ibérica llegó por dos vías: por el Norte de manos de los celtas y por el Mediterráneo con los fenicios y griegos.
MINERÍA ILUSTRACIÓN DE «RE METALLICA» – 1556 GEORGIUS AGRICOLA
Ya en tiempos históricos el uso del hierro se difundiría ampliamente por todo el planeta, en la cuenca del mar Mediterráneo lo harían los romanos; al llegar a Hispania encontraron muy buenos yacimientos no solo de este mineral sino de otros de gran interés para ellos (oro, plata, plomo y cobre) y esta circunstancia hizo que se implicasen en gran medida en la minería y la metalurgia en determinadas zonas de la península. Muchos de los metal que obtenían, ya transformados, eran exportados a la metrópoli o a otras zonas del imperio.
Hay que entender que estos descubrimientos se fueron transmitiendo de unos pueblos a otros y el proceso de difusión era lento, mientras que en unas regiones ya dominaban unas técnicas en otras las desconocían y llegaban a ellos con bastante retraso. También hay que remarcar que la sucesión de los tres periodos no se produjo por igual en todas las regiones del planeta puesto que en algunas no existía el mineral o pasaron a una etapa sucesiva.
GOETHITA OLIGISTO
LIMONITA
MINERALES DE HIERRO
Etapas en la fundición del hierro:
Si nos centramos en los métodos que se han utilizado a lo algo de la historia en la Península Ibérica para transformar el mineral de hierro en su metal podemos establecer las siguientes etapas:
1- Metalurgia de ferrerías de monte.
2- Metalurgia de ferrerías hidráulica.
3- Metalurgia industrial o siderurgia.
ferrerias de monte en el entorno de navas de estena
En la entrada “Rocas y minerales de Navas de Estena” ya se presentaron los diferentes tipos de mineral de hierro que se pueden encontrar no solo en nuestra localidad sino en una zona mucho más amplia. Son minerales que se generaron en los fondos marinos y se depositaron en las pizarras y cuarcitas durante el Cámbrico y el Ordovícico constituyendo pequeños estratos, bolsas, nódulos o filones.
Se tiene constancia que en el pasado en esta zona de los Montes de Toledo existieron algunas explotaciones de este mineral, eran modestas y no se prolongaron mucho en el tiempo al no ser muy productivas. En San Pablo de los Montes existe una pequeña mina de hierro que está datada como de época romana y más recientemente las hubo en Hontanar, Retuerta del Bullaque, Los Navalucillos, Los Navalmorales y Los Alares. Algunas de estas explotaciones dieron pie para que se pusiesen en marcha algunas fundiciones, dos de ellas muy sencillas y una tercera, la de San José del Mazo, con más potencial.
No es de extrañar que en el pasado un recurso tan importante como lo era el hierro se aprovechase y para ello se recogiese en superficie o extrajese del subsuelo con el fin de fundirlo y posteriormente utilizarlo para elaborar herramientas y armas.
El que suscribe estas líneas en sus paseos por el monte ha encontrado fragmentos de hierro fundido que son atribuibles a restos de dos antiguas fundiciones. Se trata de trozos de material férreo que en una de sus caras presenta “escurriduras” que en su día se formaron al fluir por la abertura inferior que debía de tener el horno de fundición. Se conocen con el nombre de escorias de sangrado. A los hornos se les ha denominado ferrerías de monte (el término ferrería procede del vocablo latino ferrum – hierro – y hace referencia a la pequeña instalación donde se fundía el mineral de hierro, el otro término también viene del latín mons/montis e indica el espacio donde se localizaban aquellas pequeñas fundiciones).
Otros materiales encontrados son escorias huecas y restos de arcilla.
F1 – FM1
F2 – FM1 F3 – FM1
F4 – FM1 F5 – FM1
F6 – FM1
ESCORIAS DE SANGRADO
Los materiales localizados han sido puestos a disposición del Museo Arqueológico de Ciudad Real para su estudio, su datación si es posible y para que los técnicos del museo determinen futuras actuaciones si las creen oportunas.
cOMO FUNCIONABAN LAS FERRERÍAS O FUNDICIONES DE MONTE
La metalurgia de ferrerías de monte, también conocida como de horno de reducción, sería la que se practicaría con métodos muy rudimentarios desde la Edad del Hierro hasta bien avanzada la Edad Media. Al estudio de aquellos modos de fundir y trabajar los metales se ha denominado Paleometalurgia.
En un primer momento el mineral troceado se fundió en huecos no muy profundos practicados en el suelo y para ello se mezclaba con una buena cantidad de leña, se hacía arder y cuando el fuego se apagaba del fondo del hueco se extraía aquella porción de mineral que se había fundido y transformado en metal. Posteriormente lo calentaban y lo golpeaban para obtener la forma deseada.
Este método era bastante rudimentario y con él se obtenían unos resultados muy pobres, además dependían en gran medida del porcentaje de hierro que contenía el mineral utilizado.
Pasado el tiempo la técnica se mejoró y se empezaron a utilizar pequeños hornos y en su interior se fundía el mineral. Para poderlos poner en marcha tenían que contar con las siguientes materias: mineral de hierro, arcilla, leña y agua.
FIG.1: RECREACIÓN DE UNA FERRERÍA DE MONTE
A continuación se exponen los pasos que se debían seguir para poner en marcha una de aquellas pequeñas fundiciones:
1 – Busqueda del mineral:
Debían localizar en la zona mineral de hierro en superficie, filones o practicando galerías (minas) y trasladarlo a la zona de trabajo.
2 – Tostado del mineral:
El mineral se echaba en un hoyo y cubriéndolo con leña se hacía arder durante un cierto tiempo. Con la práctica fueron descubriendo que este proceso calcinaba el mineral y así se facilitaba el proceso posterior de fusión. Lo que ocurría es que por efecto del calor perdía la humedad y se eliminaba el carbono. En este paso, al igual que con el horno, se generaba monóxido de carbono – CO – perjudicial para la salud.
3 – Machacado del mineral:
Sobre una piedra golpeaban el mineral reduciéndolo a trozos pequeños y de paso despreciaban fragmentos no útiles.
4 – Tala de leña:
Tenían que talar una buena cantidad de leña y con gran parte de ella elaborar carbón mediante la puesta en marcha de carboneras.
5 – Construcción del horno:
Recogían arcilla y amasándola con agua iban levantando una chimenea en forma de cilindro truncado, según lo hacían debían ir dejándola secar para evitar que por el sobrepeso la parte inferior de ella cediese al estar aún blanda y se hundiese. A cierta altura practicaban en su pared algunos agujeros que harían el papel de toberas y por ellos si era necesario insuflaban aire con ayuda de algún fuelle. En la base del horno realizaban un hueco a modo de puertecilla y que en principio taponaban de forma provisional.
Estos hornos en un principio eran de poca altura, como mucho tenían como un metro; pasado el tiempo según se fue controlando más el proceso de fundición los hornos se construyeron con más anchura y altura con materiales más resistentes (piedras y arcilla) para que pudiesen ser utilizados durante más tiempo.
Igualmente, debían tener en cuenta los vientos dominantes de la zona para que sirviesen de ayuda en la combustión.
6 – Carga y puesta en marcha del horno:
Una vez terminado el horno y completamente seco se iban introduciendo por su parte superior capas sucesivas de carbón y mineral, siempre en más cantidad del primero. Una vez lleno se procedía a encenderlo y así poco a poco en su interior subía la temperatura hasta el punto en que se fundía el mineral mezclado con el carbón (la temperatura de fusión del hierro está en torno a los 1500°). Durante este proceso a veces debían añadir más carbón o avivar la combustión aplicando fuelles en las toberas para que subiese la temperatura interior. Cuando consideraban que el proceso de fusión ya estaba iniciado abrían la puertecilla inferior y por ella fluían escorias líquidas, las denominadas escorias de sangrado, y estas escurrían por un pequeño canal por el exterior.
7 – Extracción del metal fundido:
La salida de las escorias de sangrado era la señal de que en el interior del horno el mineral estaba fundiéndose, era el momento de abrir el horno practicando un agujero en la parte baja de su pared y por ella ir extrayendo con la ayuda de palos o tenazas una especie de bolas – la lupia – que se habían formado al mezclarse el carbón y el mineral. Para finalizar el proceso ese material aún incandescente se ponía sobre una roca plana que hacía las veces de yunque y golpeándolo con un mazo se le iba dando forma aplanada y a la vez se desprendían trozos de escorias.
8 – Trabajo de forja:
Al obtener aquellas placas de hierro el trabajo de fundición ya se podía dar por concluido, pero faltaba el elaborar con ellas herramientas y armas. Era el momento de calentar de nuevo hasta poner al rojo vivo una de aquellas piezas y golpeándola poco a poco se le daba el grosor y forma deseada. Esta labor se podía realizar junto al horno o se trasladaban al poblado para terminar el trabajo allí en un horno de herrería.
FIG. 2: SECCIÓN DE UN HORNO DE FERRERÍA
Este tipo de ferrerías fue cayendo en desuso al aparecer las ferrerías hidráulicas.
Ferrerías de este tipo se han localizado principalmente en el País Vasco. En la mina Pastora en Aliseda (Cáceres) también se localizó y estudió un horno de reducción en 2017, fue datado como de época protohistórica.
ANEXO 1:
2 – FERRERIAS HIDRÁULICAS
A finales de la Edad Media la metalurgia del hierro sufriría una transformación muy importante que se basó en la aplicación de la energía producida por el agua a ciertos trabajos de la fundición del hierro y forja, aparecieron las ferrerías hidráulicas que eran como una combinación de fundición y herrería.
Este nuevo sistema supuso un avance muy importante en la evolución de la metalurgia, con él se conseguía elaborar cantidades mayores de metal y en consecuencia se obtenían muchas más piezas ya terminadas. Se debía construir un edificio en las proximidades de un curso de agua y sus elementos más importantes eran el caz (cauce para hacer llegar el agua), la rueda de paletas, el horno de fundición, el horno de fragua y el martinete o mazo.
El horno de fundición se construía en una de las paredes de un muro interno y se cargaba con capas alternativas de carbón vegetal y mineral, se encendía y el fuego se avivaba con la ayuda de un fuelle situado en la otra cara del muro y conectado por un agujero (en algunas ferrerías el aire necesario en los hornos y fraguas se obtenía mediante un tubo que funcionaba gracias al efecto Venturi). En uno de los lados de la base del horno había un agujero para que por él saliesen las escorias líquidas – escorias de sangrado – que se generaban durante el proceso de fusión. Cuando el mineral estaba fundido se formaba la lupia y con ayuda de tenazas se sacaba y antes de que se enfriase se colocaba sobre un yunque para golpearlo con el mazo.
FUNDICIÓN ILUSTRACIÓN DE «RE METALLICA» – 1556
GEORGIUS AGRICOLA
En aquellas ferrerías se aplicó el sistema de los molinos harineros de río o aceñas con las necesarias adaptaciones. Junto a uno de los muros exteriores del edificio pasaba un cauce o por el que circulaba el agua procedente de una presa situada aguas arriba, servía para impulsar una rueda hidráulica de paletas instalada verticalmente en el cauce, mediante un eje transmitía el movimiento a una segunda rueda situada dentro del edificio y gracias a unos trinquetes que tenía esta accionaba un gran mazo o martinete que subía y luego caía por su propio peso golpeando el metal incandescente que se encontraba sobre un yunque. La persona que sujetaba el hierro debía ir moviéndolo para que adoptase la forma deseada gracias a los sucesivos golpes del martinete. Cerca del martinete había un horno de fragua en el que se calentaba el metal cuantas veces fuese necesario hasta dar por terminada la pieza que se pretendía elaborar. En la ferrería existían otras dependencias que se utilizaban como almacenes y para guardar el carbón.
Hay que pensar que para cubrir la demanda de carbón de aquellas instalaciones no lejos de ellas deberían existir bosques y en ellos se elaboraría carbón.
FIG.3: FERRERÍA HIDRÁULICA
Este sistema de producción del metal de hierro se empleó en zonas próximas a los yacimientos del mineral y subsistió hasta bien entrado el siglo XIX al ser sustituido progresivamente por la siderurgia de altos hornos. Las hubo en el País Vasco, Asturias, Cantabria, Navarra, Burgos, Galicia, Ávila y en algunas zonas más. En Castilla la Mancha existieron algunas en Cuenca y Albacete. En los Montes de Toledo funcionó la Ferrería de San José del Mazo junto al río Pusa dentro del término municipal de Los Navalucillos desde 1844 hasta principios del siglo XX.
Estas instalaciones al llegar la industrialización fueron poco a poco abandonadas porque dejaron de ser rentables y al caer en desuso muchas de ellas se arruinaron, como también pasó con los molinos harineros. De un tiempo a esta parte en algunas localidades donde existieron se han preocupado por restaurarlas y así poner en valor su patrimonio cultural, ejemplos de ello son las ferrererías de Leitzaran, Tejedo de Ancares y la del Pobal y la herrería de Compludo.
3 – METALURGIA INDUSTRIAL O SIDERURGIA
Ya se sabe que la incorporación de España a la industrialización fue un tanto tardía en relación a otros países, un caso muy claro es el de la producción de acero en altos hornos. En nuestro país llegaron a funcionar cuatro plantas siderúrgicas: Altos Hornos de Marbella, Altos Hornos de Vizcaya, Altos Hornos de Gijón y Altos Hornos de Sagunto. Cuando estos centros de producción estaban en funcionamiento, unido a que en su entorno aparecieron muchas industrias auxiliares, fueron zonas que recibieron mucha emigración del resto de España en la posguerra. Tras la reconversión industrial de los años 70 únicamente quedó en funcionamiento la planta de Gijón, las otras se cerraron.
A nadie se le escapa lo fundamentales que han sido los metales para llegar al grado de desarrollo industrial a que se ha llegado, sin ellos serían impensable los niveles de vida que tenemos actualmente. Frente a lo anterior debemos tener muy presente que no son unos recursos infinitos y que debido a la gran demanda que hay de ellos por todo el mundo cada vez son más escasos y en consecuencia se debe regular su producción y consumo, cosa que no parece contemplarse en el sistema económico en que estamos inmersos. Se debe hacer un mejor uso de ellos para reducir su consumo, reciclarlos en mayor medida y reutilizarlos en la fabricación de nuevos productos. Tampoco debemos olvidar como hay países que aún teniendo recursos mineros importantes no llegan a alcanzar unos niveles de vida justos puesto que sus riquezas son explotadas por países ricos que poco miran por ellos. Anteponen sus intereses económicos y políticos a un reparto justo de las riquezas.
Anexo 2:
INFORMACIÓN ADICIONAL:
PATRIMONIO MINERO DE CASTILLA LA MANCHA
En nuestra comunidad autónoma en el pasado se explotaron minas de gran interés, alguna de ellas ya en época romana, incluso antes. Las siguientes están incluidas en la Red Patrimonio Minero de Castilla La Mancha:
- Parque Minero de Almadén (Ciudad Real)
- Museo de la Minería de Puertollano (Ciudad Real)
- Minas de azufre de Hellín (Albacete)
- Minas de Lapis Specularis (Cuenca)
- Minas de Hiendelaencina (Guadalajara)
- Ciudad de Vascos (Toledo)
En la localidad de Cueva del Hierro (Cuenca) hay una mina de hierro que ya explotaron los romanos. Es visitable a nivel turístico.
1 – PARQUE MINERO DE ALMADÉN
En las comarca de Almadén ya desde la antigüedad, parece ser que desde el Neolítico, se explotaba el cinabrio (sulfuro de mercurio – SHg2) del que mediante el calentamiento en hornos se obtenía el mercurio.
De estas minas se obtuvo una gran parte de la demanda mundial de mercurio a lo largo de la historia ya que este yacimiento era el más grande del mundo.
CINABRIO Y MERCURIO
Las explotaron todos los pueblos que pasaron por la Península Ibérica, como fue el caso de los fenicios, cartagineses, romanos y musulmanes. Tras la Reconquista las minas estuvieron bajo el control de la Orden de Calatrava, después pasaron a manos de la Corona de Castilla y ya en su última época pertenecieron al Estado.
De toda la zona la mina más grande y de mayor producción fue la de Almadén, pero también funcionaron la del Entredicho, Las Cuevas, La Concepción Vieja y la Concepción Nueva.
Las minas se dejaron de explotar en el año 2003 y tras su acondicionamiento se abrieron al público en 2006.
El Parque Minero de Almadén está declarado Patrimonio de la Humanidad, su visita en parte es guiada y se pueden visitar el centro de interpretación, el museo, la mina subterránea y las instalaciones exteriores.
HORNO ANTIGUO MINAS DE AZOGUE ALMADÉN
Fotografía realizada por José Royo Gómez. 1934
(ACN001/004/04483, Archivo MNCN – CSIC)
2 – MUSEO DE LA MINERÍA DE PUERTOLLANO
Ya se sabe que desde hace siglos en la zona sur de la provincia de Ciudad Real se explotaron recursos mineros de bastante interés, en concreto en el Valle de Alcudia y Sierra Madrona existieron minas de galena, plata y mercurio. Un poco al norte de esta comarca, ya casi en el Campo de Calatrava, se encuentra Puertollano y en esta localidad en el año 1873 se descubriría un amplio yacimiento de carbón. Aquel hallazgo supuso un cambio muy importante para la localidad puesto que la apertura de las minas transformó en gran medida la vida la localidad, por entonces una localidad pequeña, acrecentó el nivel económico de sus habitantes y atrajo mano trabajadora. La llevó a ser una ciudad.
En un principio se explotó el carbón en minas subterráneas, pasados los años se descubrieron pizarras bituminosas y también se explotaron estas para destilar crudo de ellas hasta 1955. En la década de los años sesenta en Puertollano se desarrolló un complejo petroquímico que supuso otro impulso para la economía de la ciudad.
En 1975 se abandonaron las minas subterráneas y se inició la explotación del carbón a cielo abierto en la mina Emma que cerró en 2015.
HULLA
Desde hace unos años la petroquímica ha reducido notablemente su actividad, se han perdido muchos puestos de trabajo, en la ciudad ha disminuido su población y su economía se ha resentido.
Con el paso del tiempo se fue perdiendo su patrimonio minero, pero a pesar de ello en el año 2008 se procedió a la apertura del Museo Minero de Puertollano que alberga materiales de esta cuenca carbonífera y se ubica junto al Pozo Norte y su castillete. El edificio del museo simula un taller de selección de carbón. En su primera planta se puede contemplar una excelente colección de fósiles casi todos procedentes de la mina Emma y que se originaron tras una erupción volcánica acaecida hace unos 300 millones de años (Carbonífero), destaca entre ellos el tronco de un árbol de unos 3 metros; además muestra aspectos de la geología y mineralogía de la zona. En la segunda planta en una primera sección se dan a conocer los orígenes de la minería en la Península Ibérica desde el Calcolítico hasta la época tardorromana y de la importancia que tuvo la actividad minera para los pueblos nativos y de aquellos que arribaron por el Mediterráneo. En una segunda sección se muestran diferentes aspectos de la puesta en marcha de las minas y del impacto económico que supuso toda aquella actividad. En esta planta se expone una excelente maqueta del complejo ferroviario que existía en Puertollano hacia 1960. En el sótano se encuentra una mina ideal y al recorrer su galería se pueden observar de forma cronológica los diferentes sistemas de explotación que se utilizaron desde 1875 hasta 1975. En el exterior del museo hay una exposición de maquinaria empleada en las minas.
PAISAJE EN LA CUENCA HULLERA DE PUERTOLLANO
Fotografía realizada por José Royo Gómez. 1918
(ACN001/003/03718, Archivo MNCN – CSIC)
3 – MINAS DE AZUFRE DE HELLÍN
Estas minas se localizan en la pedanía Las Minas a unos 20 kilómetros de Hellín y durante bastante tiempo fueron consideradas uno de los yacimientos más importantes del continente europeo. Los primeros en explotarlas fueron los romanos mediante pozos y galerías, utilizaban el azufre para alumbrarse con él y para conservar el vino. Durante siglos se perdió su ubicación y sería en el siglo XIII cuando fuesen redescubiertas.
Con el descubrimiento de la pólvora por los chinos y al difundirse su uso hizo que el azufre, uno de los componentes necesarios para su elaboración, adquiriese un valor estratégico. Ya más modernamente desempeña un papel importante dentro de la industria química.
En un principio la explotación de estas minas se realizó a cielo abierto, se excavaba hasta acceder a una capa de azufre y se iba profundizando hasta llegar a una nueva y así sucesivamente. A partir de 1870 ya la explotación fue subterránea, sistema que se mantuvo hasta su cese de actividad, justamente por entonces las minas se electrificaron.
El proceso de obtención del azufre era un tanto complejo, después de extraer el mineral este se debía purificar para luego destilarlo y finalmente fundirlo. Como es lógico pensar, con el paso del tiempo esos procesos se fueron modernizando y pasaron a ser más efectivos. No hay nada más que pensar que hubo épocas en que el azufre se destilaba en hornos en los que se instalaban crisoles de cerámica muy rudimentarios y no muy grandes, al final se hizo con sistemas más modernos y empleando depósitos metálicos grandes.
En cuanto al sistema de transporte en un principio se realizaba con caballerías y carros, pero en 1912 se construyó un ferrocarril minero para uso en las instalaciones de la mina y que conectaba con la línea Cartagena – Madrid.
Las condiciones de trabajo en estas minas siempre fueron muy duras, los salarios insuficientes y muchos de los mineros vivían en barrios de casas-cuevas que ellos mismos excavaban en los cortados de los ríos Mundo y Segura. En cuanto a la salubridad estaban expuestos a la inhalación de gases tóxicos y polvo (silicosis) que tenían unos efectos nocivos para su salud.
Hubo alguna época en que las minas de azufre de Hellín fueron un ejemplo de las lucha sindical de la clase trabajadora por defender sus derechos laborales y en la Guerra Civil fueron incautadas por los trabajadores.
AZUFRE
Al terminar la Guerra Civil las minas fueron explotadas por una empresa privada y en ellas se estableció un destacamento de presos políticos que trabajaban allí, por cada día de trabajo redimían uno de su condena.
Desde 1945 fueron arrastrando problemas económicos que abocaron a su cierre en 1960 debido a la quiebra de la empresa que por entonces la explotaba. Hasta el año 1975 se realizaron pequeñas labores de recuperación en las escombreras.
Al concluirse los trabajos en la mina sus trabajadores se vieron obligados a emigrar con sus familias y la localidad de Las Minas que llegó a tener una población de 2.000 habitantes con servicios tales como economato, escuelas, médico, tiendas, cine y bares se vio reducida a una aldea (actualmente tiene 79 habitantes).
Aunque este complejo minero está declarado Bien de Interés Cultural el estado de conservación de todas aquellas instalaciones mineras es de ruina total y su visita puede suponer asumir riesgos innecesarios. Si se recomienda el hacer turismo por la zona ya que se disfrutará de un entorno natural de interés ecológico y geológico. No lejos de allí se pueden visitar el Cañon de los Almadenes, las pinturas de Minateda y el pitón volcánico de Cancarix.
Aquel espacio está protegido como Microrreserva de Yesares de Hellín, Zona de Especial Protección para las Aves y Lugar de Interés Geológico.
Las minas de azufre de Hellín sin duda son parte de nuestro patrimonio histórico y no estaría de más que las instituciones públicas se implicasen para conservar lo que aún queda de ellas y en ponerlas en valor acondicionándolas para su visita.
VIVIENDAS EN EL COTO MINERO HELLÍN
Fotografía realizada por José Royo Gómez. 1937
(ACN001/001/00624, Archivo MNCN – CSIC)
4 – MINAS DE LAPIS SPECULARIS (CUENCA)
Las minas de lapis specularis de la provincia de Cuenca también fueron explotadas por los romanos, lo hicieron desde el altoimperio hasta el siglo II en que las abandonaron.
Con el nombre lapis specularis (“lapis” significa piedra y “specularis” espejo o transparente) designaban los romanos a la variedad de yeso que nosotros conocemos como selenita.
Se conoce con el nombre de selenita, también yeso espejuelo, en referencia a la diosa griega de la luna Selene, por sus destellos similares al brillo de la luna. Es un mineral constituido por silicato de calcio que se generó por evaporación de las aguas de zonas húmedas, como pudieron ser los lagos y lagunas, y que en determinadas zonas de la Península Ibérica se depositó en el Mioceno continental. Dos de las propiedades que suele presentar son el ser traslucida y poseer un grado de exfoliación alto que permite separar de un bloque láminas bastante finas. Justamente esas dos propiedades fueron las que llevaron a los romanos a buscar yacimientos de este mineral a lo largo de su imperio y a utilizar sus placas como sustituto del vidrio en ventanas, vidrieras y lucernas. Uno de aquellos yacimientos lo localizaron en los alrededores de la ciudad de Segóbriga y desde esta controlaban su extracción en diferentes minas y distribución a otros lugares del imperio. Hay que destacar que se trataba de un producto un tanto raro y con un cierto valor económico por lo que únicamente era asequible para las clases ricas que lo utilizaban en sus casas como signo de distinción. También se le conoció con el nombre de cristal hispano.
Plinio el Viejo ya dio cuenta de la localización y calidad de este material de la zona de Segóbriga.
SELENITA
Una vez que los romanos abandonaron aquellas minas cayeron en el olvido lo que contribuyó a que algunas de ellas se hayan conservado a lo largo de los siglos en perfecto estado y hoy se puedan visitar para contemplar como eran y el modo en que las trabajaron. Actualmente son visitables las minas de la Cueva del Sanabrio en Saceda del Río, la de la Mora Encantada en Torrejoncillo del Rey y las de la Condenada y la Vidriosa en Osa de la Vega.
Una buena excursión podría ser el visitar una de las minas y completar la jornada en el parque arqueológico de Segóbriga donde se pueden contemplar el teatro, el anfiteatro, las termas, los restos de un acueducto y una necrópolis visigoda.
5 – MINAS DE HIENDELANCINA (GUADALAJARA)
Las minas de plata de Hiendelaencina fueron descubiertas en 1844 por el agrimensor Pedro Esteban Górriz quien al considerar interesante su descubrimiento animó a unos amigos a crear una sociedad minera y pusieron en marcha la mina Santa Cecilia. Fue tal el éxito de esta empresa que durante el periodo de tiempo que se explotó este coto minero surgieron unas 200 sociedades que pusieron en marcha no menos de 100 minas. Dados los altos beneficios que se obtuvieron en algunos momentos los bancos y gentes adineradas invirtieron en ellas, las sociedades más destacadas llegaron a cotizar en bolsa.
La puesta en marcha de tantas minas supuso una gran demanda de mano de obra por lo que de los pueblos de alrededor, de otras localidades de la provincia de Guadalajara y de diferentes provincias acudió un número considerable de personas atraídas por la oferta de trabajo, unos para trabajar en el interior de las minas y otros en el exterior.
La evolución que tuvo la explotación de las minas fue muy desigual, a épocas de bonanza le sucedieron otras con malos resultados por mala planificación, por falta de los medios técnicos adecuados o porque los porcentajes de contenido de plata disminuyeron.
El periodo comprendido entre los años 1845 y 1875 fue una época de esplendor, los rendimientos que proporcionaron las minas que se pusieron en marcha fueron notables.
El pueblo era una pequeña aldea de casas muy míseras y como consecuencia del auge económico que propició toda aquella actividad se construyeron viviendas nuevas para los trabajadores y algunos de los accionistas de minas se hicieron construir casonas bastante suntuosas. Al pueblo se le dotó de escuelas, hospital, teatro, comercios y hasta de un casino. Como los pueblos de la zona eran pequeños aportaron poca mano de obra y por tanto acudieron trabajadores de otras provincias. Los de los pueblos vecinos acudían a trabajar a diario caminando desde su localidad. Fue tal la necesidad de mano de obra que en su época más floreciente en Las Minas, como se llegó a llamar a Hiendelaencina, vivieron cerca de 5.000 personas.
El trabajo en las minas se realizaba en dos turnos por lo que las jornadas eran de unas doce horas, en unas condiciones muy duras y con unos sueldos bajos. En alguna ocasión los trabajadores se enfrentaron con las empresas y promovieron alguna huelga con la idea reclamar mejoras laborales y económicas.
En cuanto a la siniestralidad, en estas minas fallecieron un número considerable de mineros debido a hundimientos, inundaciones, asfixia y falta de medios de seguridad en general; se estima que fueron unos 160 mineros los que perdieron la vida.
Al difundirse la noticia del descubrimiento de este yacimiento un ingeniero inglés que trabajaba en Linares se desplazó hasta Hiendelaencina, tras comprobar el alto porcentaje que aportaba el mineral que se obtenía lo hizo saber en su país y se creó la sociedad “La Bella Raquel”, alquilaron explotaciones, construyeron la fábrica “La Constante” para obtener la plata, trajeron maquinaria inglesa y edificaron un barrio para el personal que vino de Inglaterra. La fábrica estaba ubicada junto al río Bornova y en torno a ella surgió un pueblo al que también dotaron de ciertos servicios. Hacia 1877 bajó bastante la producción de plata, vendieron la fábrica y se marcharon.
De 1871 y 1888 las minas se fueron profundizando y esto dificultó bastante los trabajos en el interior de las minas, bajó su rentabilidad y llegaron a emplear a mujeres y niños para que rebuscasen mineral en las escombreras.
Entre 1889 y 1915 entró en juego capital de inversores franceses, se introdujo nueva maquinaría, se profundizaron algunos pozos y se localizaron filones más rentables.
Ya de 1916 a 1925 se produjo una disminución considerable en la extracción de mineral por falta de capital como consecuencia de la Primera Guerra Mundial y este hecho abocó al cierre de las minas en 1929. Se produjo el declive de todo aquel entramado minero que se había creado a lo largo de ocho décadas y los trabajadores y sus familias emigraron principalmente a Madrid y Guadalajara.
En 1940 se reabrió la mina Santa Teresa, se realizaron trabajos de investigación y mantenimiento en ella, no se vio viable su explotación y se cerró definitivamente en 1957.
En torno al año 1980 se instaló un lavadero para procesar las escombreras y se intentó poner en funcionamiento las mina Santa Catalina pero las dificultades que se encontraron para desaguar la mina, la bajada del precio de la plata y las inversiones tan fuertes que había que realizar hicieron que se abandonase el proyecto.
El proceso de obtención de la plata se iniciaba con la extracción en la mina, ya en el exterior se seleccionaba el mineral útil y se despreciaba el resto que tiraban en las escombreras (era tal el interés por obtener más beneficios que se llegó a rebuscar en ellas y muy al final se molieron materiales de dichas escombreras), el material seleccionado se molía en la fábrica “La Constante”, después se amalgamaba (mezclaba) con sal procedente de las salinas de Imón y con mercurio de Almadén, se fundía y la plata obtenida se echaba en moldes para formar lingotes. Durante el tiempo que se explotaron las minas de ellas se obtuvieron miles y miles de toneladas de plata que eran trasladadas bajo vigilancia a la Fábrica de la Moneda e incluso se llegó a exportar a Inglaterra.
Al principio en los pozos el mineral se extrajo mediante tornos pero este sistema tan elemental limitaba el seguir profundizando los pozos, en un segundo momento se montaron máquinas de vapor para facilitar aquella labor y además aplicarlas en ciertos trabajos en el exterior, finalmente se instaló la energía eléctrica.
Los principales minerales de los que se obtenía la plata fueron la frieslebenita, pirargirita, estephanita, proustita y plata nativa. Se tiene constancia de que Hiendelaencina se encontraron en torno a cincuenta especies minerales diferentes, algunos de bastante interés mineralógico. Entre ellos se pueden citar la baritina, galena, calcopirita, pirita, tetraedrita, cuarzo, arsénico, azurita y malaquita.
En 2016 se inauguró el Centro de Interpretación de la Minería de la Plata. El País de la Plata, en este espacio expositivo se han recogido documentos relacionados con sociedades y minas, muestras de minerales, herramientas e instrumentos utilizados en las minas. En la exposición destaca una réplica del castillete de la mina “San Carlos”.
Recientemente la Diputación Provincial de Guadalajara dentro del Plan de Sostenibilidad Turística “País de la Plata” ha puesto en marcha un proyecto con la idea de rehabilitar la mina Santa Catalina para uso turístico.
En cuanto al estado de las instalaciones de todas aquellas minas es de completa ruina y abandono.
FÁBRICA «LA CONSTANTE» HIENDELAENCINA
Fotografía realizada por José Royo Gómez. 1924
(ACN001/002/01462, Archivo MNCN – CSIC)
6 – CIUDAD DE VASCOS (TOLEDO)
Este yacimiento arqueológico se encuentra en el término municipal de Navalmoralejo, en concreto en la finca de “Las Cucañas” y cerca de las sierras Ancha y Aguda.
Era una medina (ciudad) árabe que estuvo poblada entre los siglos IX al XII y por entonces estaba situada en los límites de los dominios cristianos y musumanes.
Los elementos más destables de todo el conjunto son la muralla y la alcazaba, la primera tiene una longitud de unos 3 kilómetros y rodea una superficie de 8 hectáreas, la segunda está situada en lo alto de unos roquedos y domina toda la ciudad y el valle del río Huso. Tras sucesivas campañas arqueológicas dentro del recinto han quedado a la vista el trazado de calles, cimientos de viviendas, zocos y hasta los restos de una mezquita. Fuera de la muralla se han descubierto un arrabal, dos cementerios, unas tenerías y unos baños.
Gracias a las investigaciones arqueológicas realizadas se ha descubierto que fue un centro metalúrgico donde se procesaban minerales procedentes de aquella zona y de los Montes de Toledo. Hay quien sostiene que Ciudad de Vascos podría estar relacionada con las minas de oro de Sierra Jaeña, Sevilleja y Sierra del Algibe, que este asentamiento fuese el centro donde se procesara el oro procedente de aquellos yacimientos.
En torno a esta ciudad existen incógnitas que aún no se han podido despejar relacionadas con su fundación y las razones que motivaron a sus pobladores a abandonarla.
Es una visita bastante interesante que no deja de sorprender a quienes llegan hasta allí, especialmente por el buen nivel de conservación de las murallas y de la alcazaba.
Para efectuar su visita se debe contactar con el ayuntamiento de la localidad y desplazarse por un camino rural de unos 6 Kilómetros.
En el pueblo existe un centro de interpretación en el que mediante paneles informativos se muestra la importancia de los restos que quedan de esta ciudad, también se encuentran expuestos materiales recuperados del yacimiento entre los que destacan cerámicas y algunos útiles propios de la minería.
Esta excursión puede completarse visitando el dolmen de Azután, Puente del Arzobispo o el Castillo de Oropesa.
El dolmen de Azután está datado entre el Neolítico y Calcolítico. Se trata de un dolmen con cámara y corredor en el que algunos de sus bloques de piedra granítica están decorados con incisiones de bandas onduladas. Está orientado de saliente a poniente y por la noche algunas de sus piedras se alinean con ciertas estrellas y constelaciones lo que hace pensar que sus constructores lo hicieron para darle un cierto carácter mágico.
CIUDAD DE VASCOS
Las fotografías realizadas por José Royo Gómez pertenecen al Museo Nacional de Ciencias Naturales y se reproducen aquí con la debida autorización.
Navas de Estena, 20 de diciembre de 2025
Javier Tordesillas Ortega